Mundial

Pero vayamos por partes. El arranque de Marruecos fue de lo más ambicioso. Con El Ahmadi como único pivote en mediocampo, y con Boussoufa y Belhanda de interiores, el conjunto de Renard decidió volcar todo su potencial ofensivo por el lado derecho. Con (casi) todo el cuadro jugando en campo contrario, Marruecos trazó sobre el tablero dos movimientos muy coherentes con el bloque bajo que adoptó la selección iraní de Queiroz. El primero, como decíamos, partió por derecha: Ziyech, que arrancó el encuentro a pie cambiado, dejó varios movimientos por dentro que, sin necesidad de intervenir directamente con el balón, lograron llevarse varias veces la marca de Amiri –volante por izquierda-; algo que, en consecuencia, aclaró todo el carril derecho a un Amrabat que, bien pegado a la cal, trató de aprovechar (con su habitual desparpajo y velocidad) para encarar a Hajsafi, lateral izquierdo iraní. Una situación que Queiroz supo ajustar pronto, marcando a Ziyech con Ansarifard y llevando a Amiri a correr tras Amrabat; formando así un constante 2×1 con el que Irán, al menos, equilibró las fuerzas. Y Marruecos perdió su colmillo.
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Porque por derecha (la izquierda marroquí), ahora bien, todo el protagonismo fue para Harit. El ‘18’ de Marruecos, posicionado en un primer momento como extremo zurdo, intervino en multitud de ocasiones como interior, desde donde consiguió rajar, a través de su conducción y cambio de ritmo, el voluminoso repliegue asiático. Fue, durante los 82’ que estuvo sobre el campo, el más destacado de Marruecos; que fue deshaciéndose con el paso de los minutos. De hecho, no por casualidad, el bajón de los de Renard en la primera mitad coincidió, por ser más exactos, con el lapso de tiempo en el que Harit (izquierda) y Ziyech (derecha) intercambiaron sus sitios con el objetivo –se quiere entender- de acercar la zurda del futbolista del Ajax al área de Irán, donde la figura de El Kaabi (que intentó dar profundidad con algún desmarque), pasó sin ninguna pena ni gloria.
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Más allá de las individualidades de Harit, el partido destapó más debilidades que fortalezas para Marruecos. Y una de estas, como también padeció en sus amistosos previos al Mundial, tienen que ver con su presión tras pérdida. Irán, que se pasó casi todo el encuentro armada en un 4-5-1, consiguió ir arañándole metros a Marruecos a medida que su sistema defensivo, liderado por Omid Ebrahimi en mediocampo, pasó a instalarse cada vez más cerca de Belhanda, Boussoufa y compañía. De esta forma, cuando Irán recuperaba la pelota lo hacía ante una Marruecos que, mal dirigida desde su fase de salida, deberá controlar, de cara a sus dos próximos partidos ante Portugal y España, la agresividad en el robo de Benatia y Saiss; ya que sobre todo el central de la Juventus, cada vez que sale de zona, se vuelve más vulnerable que cuando está en el área. Porque si ayer fue Jahanbakhsh, Azmoun, Shojaei y Ebrahimi, el próximo miércoles, ante la Portugal de Cristiano Ronaldo, Guedes y Bruno Fernandes, Marruecos deberá ajustar muchas (muchísimas) cosas.